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Una frecuencia cardíaca más elevada tras un infarto señala un mayor riesgo incluso con los cuidados modernos

Un nuevo análisis de 3.698 pacientes post-infarto de miocardio muestra que una frecuencia cardíaca elevada predice peores resultados, y la suspensión de los betabloqueantes aumenta la FC entre 10 y 13 bpm.

jueves, 11 de junio de 2026 2 visualizaciones
Publicado en Circulation
A cardiologist reviewing a heart rate monitor display at a hospital bedside, with ECG waveforms visible on the screen and a stethoscope resting on a patient chart

Resumen

Un importante nuevo análisis del ensayo ABYSS siguió a más de 3.600 pacientes que habían sufrido un infarto de miocardio con función cardíaca preservada. Los investigadores encontraron que aquellos con frecuencias cardíacas en reposo más elevadas —68 bpm o más— tenían un riesgo 55% mayor de muerte, otro infarto o accidente cerebrovascular en comparación con quienes tenían menos de 60 bpm. Es importante destacar que los pacientes que dejaron de tomar betabloqueantes vieron aumentar su frecuencia cardíaca en aproximadamente 10–13 latidos por minuto, y esto se asoció de manera consistente con peores resultados independientemente de su frecuencia cardíaca inicial. Los hallazgos refuerzan que la frecuencia cardíaca sigue siendo un marcador de riesgo significativo tras un infarto, incluso en la era actual de las técnicas avanzadas de reperfusión, y que el tratamiento con betabloqueantes generalmente debe continuarse en pacientes estables post-IAM con fracción de eyección preservada.

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Resumen detallado

La frecuencia cardíaca ha sido considerada durante mucho tiempo un marcador de riesgo cardiovascular, pero su relevancia tras el infarto de miocardio en la era moderna de la reperfusión —en la que la mayoría de los pacientes son tratados rápidamente con stents o terapia trombolítica— ha sido cuestionada. Este nuevo análisis del ensayo ABYSS aborda directamente esa incertidumbre.

Los investigadores realizaron un análisis secundario preespecificado de 3.698 pacientes estables con infarto de miocardio previo y fracción de eyección del ventrículo izquierdo preservada (≥40%) que fueron aleatorizados para continuar o suspender el tratamiento con betabloqueadores aproximadamente un año después de su infarto. Los pacientes se dividieron en tres grupos según la frecuencia cardíaca en el momento de la aleatorización: menos de 60 bpm, entre 60 y 67 bpm, y 68 bpm o más.

Los resultados fueron llamativos. Si bien la frecuencia cardíaca basal no se asoció con el criterio de valoración primario compuesto en general, una frecuencia cardíaca más elevada sí se vinculó significativamente con desenlaces más graves. Los pacientes en el tercil más alto (≥68 bpm) presentaron un riesgo ajustado de muerte, infarto de miocardio recurrente o ictus un 55% mayor en comparación con el tercil más bajo. La mortalidad por todas las causas también aumentó de forma sostenida entre los grupos: del 2,9% al 3,4% y al 5,9%. Cuando se suspendieron los betabloqueadores, la frecuencia cardíaca aumentó aproximadamente entre 10 y 13 bpm durante el seguimiento, y esta interrupción se asoció de forma consistente con peores desenlaces cardiovasculares en todas las categorías de frecuencia cardíaca y rangos de fracción de eyección.

Para los médicos, el mensaje es claro: la frecuencia cardíaca en reposo sigue siendo una señal pronóstica clínicamente significativa en pacientes estabilizados tras un infarto de miocardio, y la suspensión de los betabloqueadores conlleva un riesgo real independientemente de cuál sea la frecuencia cardíaca basal del paciente. Esto respalda las guías clínicas actuales que recomiendan continuar con los betabloqueadores tras el infarto de miocardio.

Aplican ciertas advertencias. Se trata de un análisis secundario de un ensayo aleatorizado, por lo que no es posible establecer plenamente una relación causal entre el aumento de la frecuencia cardíaca y los desenlaces. El resumen se basa únicamente en el abstract, por lo que no se dispone de los detalles metodológicos completos ni de los análisis de subgrupos.

Hallazgos clave

  • Post-MI patients with resting HR ≥68 bpm had a 55% higher adjusted risk of death, MI, or stroke vs. those under 60 bpm.
  • All-cause mortality nearly doubled from lowest to highest heart rate tertile (2.9% vs. 5.9%).
  • Stopping beta-blockers raised heart rate by 10–13 bpm during follow-up in a dose-dependent fashion.
  • Beta-blocker interruption was linked to worse outcomes regardless of baseline heart rate or ejection fraction category.
  • Heart rate remains a prognostically meaningful biomarker after MI even in the modern reperfusion era.

Metodología

Este fue un análisis secundario preespecificado del ensayo controlado aleatorizado ABYSS, que incluyó a 3.698 pacientes estables tras un infarto de miocardio con FEVI ≥40%, aleatorizados para continuar o interrumpir el tratamiento con betabloqueantes aproximadamente un año después del infarto. Los pacientes fueron estratificados según tertiles de frecuencia cardíaca previos a la aleatorización y seguidos hasta alcanzar el criterio de valoración compuesto de muerte, infarto de miocardio, ictus o rehospitalización cardiovascular. Se emplearon modelos de regresión de Cox ajustados por covariables relevantes para evaluar las asociaciones.

Limitaciones del estudio

Se trata de un análisis secundario de un ensayo aleatorizado, lo que limita la interpretación causal de la relación entre la frecuencia cardíaca y los desenlaces clínicos. El resumen se basa únicamente en el abstract, por lo que no se dispone de los detalles completos del ajuste por covariables, los desgloses por subgrupos ni los análisis de sensibilidad. La población del estudio era predominantemente masculina (83%) y excluyó a pacientes con LVEF <40%, lo que limita su generalización.

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