Longevity & AgingArtículo de investigaciónAcceso abierto

Por qué las vacunas estándar fallan a los adultos mayores y qué funciona realmente

Una revisión exhaustiva de cómo el envejecimiento transforma la inmunidad y qué estrategias de vacunación —adyuvantes, dosis altas, mRNA— logran superar mejor esos cambios.

miércoles, 24 de junio de 2026 1 visualización
Publicado en Ann Med
An elderly patient receiving an injection in the upper arm from a nurse in a clinical office, with a tray of vaccine vials visible on the counter behind them

Resumen

A medida que la población mundial envejece, las vacunas diseñadas para adultos jóvenes frecuentemente tienen un rendimiento inferior en personas mayores debido a la inmunosenescencia, es decir, el deterioro gradual de la función inmunitaria con la edad. Esta revisión explica cómo el envejecimiento transforma tanto la inmunidad innata como la adaptativa, introduce el concepto de «inflammaging» (inflamación crónica de bajo grado) y analiza por qué la edad cronológica por sí sola es un predictor deficiente de la respuesta a las vacunas. Los autores evalúan cuatro estrategias para mejorar la eficacia vacunal en adultos mayores: plataformas de mRNA, formulaciones con antígenos en dosis elevadas, administración intradérmica y adyuvantes. Las vacunas de mRNA contra la COVID-19 generaron respuestas sólidas incluso en adultos mayores, aunque inferiores a las observadas en cohortes más jóvenes. Las vacunas antigripales de dosis alta, que contienen 60 µg frente a los 15 µg estándar por cepa, mostraron una inmunogenicidad y una efectividad clínica superiores. Los sistemas adyuvantes —en particular AS01— resultaron ser el enfoque más consistentemente eficaz y práctico en múltiples plataformas vacunales.

Resumen detallado

La población mundial de 65 años o más se proyecta que casi se duplique, pasando de 761 millones en 2021 a 1.600 millones para 2050. Este cambio demográfico tiene profundas implicaciones para la salud pública, ya que los adultos mayores enfrentan cargas desproporcionadamente más altas por enfermedades prevenibles mediante vacunación, entre ellas la influenza, el herpes zóster, el VSR y la COVID-19. El gasto sanitario per cápita de los estadounidenses mayores de 65 años es de tres a cinco veces superior al de los adultos más jóvenes, lo que subraya las implicaciones económicas de mantener sanas a las poblaciones de mayor edad mediante estrategias preventivas como la vacunación.

El desafío biológico central es la inmunosenescencia: la remodelación progresiva de la inmunidad tanto innata como adaptativa con la edad. Los cambios principales incluyen una disminución de las poblaciones de linfocitos T y B naïve, la acumulación de linfocitos T de memoria en estadio terminal de diferenciación, una reducción de la quimiotaxis y la citotoxicidad en las células inmunitarias innatas, y una producción desregulada de citocinas. Estos cambios impulsan la «inflamación crónica relacionada con el envejecimiento» (inflammaging), un estado de inflamación sistémica crónica de bajo grado caracterizado por niveles elevados de IL-6, IL-1β y TNF. El inflammaging es en sí mismo un factor de riesgo de fragilidad, enfermedades cardiovasculares, neurodegeneración y mortalidad acelerada, lo que crea un círculo vicioso en el que la disfunción inmunitaria agrava la carga de enfermedad, que a su vez deteriora aún más la inmunidad.

Es importante destacar que la revisión subraya que la edad cronológica es un indicador imperfecto de la salud inmunitaria. El concepto de «inmunobiografía» recoge la idea de que el panorama inmunitario de cada individuo está moldeado por toda una vida de predisposiciones genéticas, infecciones, vacunaciones, medicamentos, dieta, composición del microbioma intestinal y factores de estrés psicosocial. Un estudio de referencia realizado en gemelos demostró que los parámetros inmunológicos divergen de forma creciente con la edad incluso en individuos genéticamente idénticos, lo que confirma la enorme influencia de los factores ambientales. Datos del U.S. Health and Retirement Study mostraron además que los marcadores de inmunosenescencia eran más pronunciados en determinadas minorías raciales y étnicas y en personas con menor nivel educativo, grupos asociados de forma independiente con un mayor riesgo de infección.

Entre las estrategias para potenciar las vacunas, las plataformas de mRNA mostraron un considerable potencial durante la pandemia de COVID-19. Ambas vacunas de mRNA contra la COVID-19 de uso generalizado generaron respuestas sólidas de linfocitos T y B en adultos mayores, aunque estas fueron mensurablemente inferiores a las de cohortes más jóvenes —en particular las respuestas de linfocitos T— y los individuos frágiles presentaron los mayores déficits inmunológicos. La efectividad en el mundo real se mantuvo elevada frente a la enfermedad grave a pesar de estas respuestas atenuadas. Las vacunas contra la influenza de dosis alta (45–60 µg de hemaglutinina por cepa frente a los 15 µg estándar) demostraron títulos de anticuerpos superiores, tasas de seroconversión más altas y mejor efectividad clínica en ensayos aleatorizados en adultos mayores. El ensayo PREVENT-19 con una vacuna recombinante de nanopartículas contra el VSR en adultos de 60 años o más reportó una eficacia del 94,1% frente a la enfermedad del tracto respiratorio inferior asociada al VSR de moderada a grave, lo que ilustra cómo la optimización del antígeno puede superar algunas barreras inmunitarias relacionadas con la edad.

Los sistemas adyuvantes representan la estrategia más consolidada y sistemáticamente eficaz para mejorar la inmunogenicidad de las vacunas en adultos mayores. El sistema adyuvante AS01 —que combina los inmunoestimulantes MPL y QS-21 en una formulación liposomal— se utiliza en la vacuna aprobada contra el herpes zóster (HZ/su) y en la vacuna contra la malaria (RTS,S). En adultos mayores, HZ/su con adyuvante AS01 demostró una eficacia superior al 90% frente al herpes zóster independientemente del grupo de edad, un hallazgo especialmente notable dado que las vacunas vivas sin adyuvante pierden eficacia de forma marcada con el avance de la edad. La revisión concluye que los adyuvantes siguen siendo el estándar de referencia para superar la inmunosenescencia en el diseño de vacunas, mientras que las plataformas de mRNA ofrecen un potencial complementario prometedor —en particular si los refinamientos en su formulación logran mejorar la durabilidad y reducir la reactogenicidad.

Hallazgos clave

  • Global population aged 65+ projected to nearly double from 761 million (2021) to 1.6 billion by 2050, driving urgent need for age-optimized vaccines
  • High-dose influenza vaccines (45–60 µg haemagglutinin/strain) elicit higher antibody titres and seroconversion rates versus standard 15 µg/strain formulations in randomized trials in older adults
  • AS01-adjuvanted herpes zoster subunit vaccine (HZ/su) achieved >90% efficacy against shingles in all older adult age groups, far outperforming unadjuvanted live vaccines whose efficacy declines steeply with age
  • A recombinant nanoparticle RSV vaccine demonstrated 94.1% efficacy against moderate-to-severe RSV lower respiratory tract disease in adults aged 60+ in the PREVENT-19 trial
  • mRNA COVID-19 vaccines generated strong but age-attenuated responses: T-cell and B-cell responses were measurably lower in older adults versus younger cohorts, with frail individuals showing the greatest deficits
  • Twin study data confirmed that immunological parameters diverge increasingly with age even in genetically identical individuals, confirming environmental/lifestyle factors dominate over genetics in shaping immune aging
  • Psychosocial stress was independently associated with immunosenescence markers—decreased naïve T-cells, increased terminally differentiated T-cells—independent of age, sex, or race

Metodología

Se trata de un artículo de revisión narrativa financiado por GSK, que sintetiza datos publicados de ensayos clínicos, estudios epidemiológicos e investigación de inmunología básica. No implica recopilación de datos originales, un protocolo de búsqueda sistemática ni métodos estadísticos de metaanálisis. La evidencia citada incluye ensayos controlados aleatorizados, estudios de cohortes observacionales (p. ej., el U.S. Health and Retirement Study) y estudios de gemelos. No se aplica ninguna metodología PRISMA formal ni clasificación del nivel de evidencia.

Limitaciones del estudio

Se trata de una revisión narrativa y no sistemática, lo que significa que la selección de estudios puede reflejar las perspectivas de los autores y los patrocinadores, en lugar de una base de evidencia exhaustiva e imparcial. La revisión está financiada por GSK, fabricante de vacunas adyuvadas que incluyen productos basados en AS01, lo que genera un posible conflicto de intereses en el énfasis otorgado a las estrategias de adyuvantes. La revisión reconoce que los datos comparativos directos entre distintas estrategias de mejora de vacunas en adultos mayores siguen siendo limitados, lo que dificulta establecer afirmaciones definitivas de superioridad.

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